Ariadna Tuxell es el álter ego de Beatriz, una mujer de cuarenta y dos años que, siendo una niña en la guardería, ya decía que quería ser policía y escritora. Y, dado que pocas personas me ganan en terquedad, en cuanto alcancé la edad mínima para poderme presentar a la oposición policial, lo hice, tras haberme preparado intensivamente para lograr superar con éxito las duras pruebas. Así que llevo más de dos décadas vistiendo con orgullo el bonito uniforme policial que tanto me gusta.

Siempre me ha encantado escribir y, en el año 2013, me lancé de cabeza a la piscina (sin saber si había agua) escribiendo y publicando mi primera novela: «Lo sigo intentando». Gracias a Miguel pude conseguirlo, al confiar en mí y en mi proyecto (encontrarás más información en la sección «Sobre mí»).

La escritura me da la vida, me atrapa, me pierdo en las historias que mi retorcida y perversa mente va creando, y vivo inmersa en las experiencias que van teniendo los protagonistas principales, a quienes les tengo un cariño maternal muy profundo.

También soy mamá, sin duda, mi vocación más pura, potente y visceral. En un próximo artículo te contaré más cosas relacionadas con este tema de la maternidad al haber sobrevivido al peor momento de mi vida cuando falleció mi bebé, mi querido Biel... Pero Ariadna, mi hija, fue y es mi mejor medicina. ¡Haría cualquier cosa por verla sonreír a cada instante! Ella es mi motor, mi eje central y mi fuerza de gravedad. La que me hace sentir que soy la persona más afortunada del universo entero.

Mis relaciones sentimentales dan para escribir algún que otro libro, ¡y eso es justo lo que hago! Se podría decir que mi vida está llena de muchas rosas, sí, pero recuerda que dicha flor está compuesta de suaves pétalos de terciopelo, pero también de afiladas y punzantes espinas. ¡Y cómo duele cuando te pinchas con una de ellas!

Hace ocho años, Fernando y yo nos dimos una oportunidad y formamos nuestro peculiar núcleo familiar. Ya sabes, uno más uno no siempre suman dos... En nuestro caso, el resultado es cuatro, al tener cada uno una hija, y si sumamos al perro y a los Agapornis, ¡somos siete!
 
Me siento muy afortunada de tener a mi familia a mi lado, esas personas que siguen de cerca cada paso que doy, que siempre están ahí, al pie del cañón, que jamás me han fallado, a pesar de no ser perfectas y haber cometido errores con el paso de los años, igual que yo. Pero gracias a ellas, me siento mucho más completa y realizada.

Mi pasión es inventar historias, crear nuevas vidas, hacer que a los protagonistas les ocurra de todo un poco logrando que conquisten vuestros corazones y provoquen la risa, el llanto, la alegría, el enfado, la ilusión, la esperanza y mil sentimientos más. ¡Esa es mi misión! Entreteneros y conseguir que os olvidéis de los problemas durante el rato que podáis dedicar a la lectura, transportándoos a un mundo paralelo donde no existen prohibiciones, límites ni limitaciones. Dejemos volar la imaginación y no permitamos que nadie nos corte las alas.
 
Tal y como decía el genuino Groucho Marx: «Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.»